Irán rechaza la “cirugía estética” Iraquí-Estadounidense. Sin embargo, la cooperación entre Estados Unidos e Irán no es imposible 2/6

Irak, por Elijah J. Magnier

Traducido por Eli C. Casas

Irak no es el único escenario donde Estados Unidos e Irán chocan. Siria es otro escenario en el que los dos países tendrán dificultades para encontrar un terreno común. Las fuerzas estadounidenses están ocupando el noreste de Siria para evitar que la economía siria se recupere, y para frenar -sin llegar a bloquear- el flujo de armas, energía y apoyo económico que Irán suministra a sus aliados en Siria y Líbano. La administración de Biden no tiene ninguna estrategia en Siria o Irak. Aun así, parece decidida a seguir la política de Donald Trump y permanecer en ambos países con poca visibilidads. Por lo tanto, se espera que perdure el statu quo, manteniendo la tensión entre Irán y Estados Unidos en un nivel alto, independientemente de cualquier resultado positivo en las conversaciones nucleares de este año. Sin embargo, esta tensión en varios ámbitos no impide el diálogo y el contacto directo e indirecto entre EE.UU. e Irán.

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Desde 1979, la administración estadounidense “acogió” el inicio de la revolución iraní con sanciones. Teherán, por su parte, también desafió la autoridad de Washington en repetidas ocasiones. El presidente Jimmy Carter impuso sanciones contra Irán en noviembre de 1979, cuando los iraníes asaltaron la embajada estadounidense en Teherán y tomaron como rehenes a diplomáticos estadounidenses durante 444 días. Irán liberó a los rehenes sólo cuando un nuevo presidente estadounidense asumió el poder en 1981: Ronald Reagan. Irán logró obtener la liberación de casi 8.000 millones de dólares de sus activos financieros congelados a cambio de los 52 rehenes de la embajada estadounidense. Reagan ofreció un “regalo” a Irán cuando Robert McFarlin fue recibido en Teherán por el sheikh Hashemi Rafsanjani -tras la aprobación del Líder Supremo Khomeini- con un cargamento lleno de armas, lo que que más tarde se conoció como el escándalo de la “Contra Iraní”. 

En la década de 1990, Irán y Estados Unidos cooperaron en diversos aspectos, porque tenían intereses comunes en el continente europeo y en Oriente Medio. El presidente George Bush (padre) pidió a Irán que liberara a los rehenes estadounidenses capturados en Líbano, lo que marcó el inicio de una relación de “buena voluntad”. En 1999, Irán aceptó unirse a la coalición de países vecinos de Afganistán, el grupo de la iniciativa seis-más-dos (Irán, Pakistán, Turkmenistán, Uzbekistán, Tayikistán y China, más Rusia y Estados Unidos). Esta oportunidad creó una posición única, privilegiada y valiosa para Irán. Esto ha socavado algunos llamamientos a la guerra contra la “República Islámica” por parte de los belicistas de la administración estadounidense y la comunidad de inteligencia. Irán se convierte en un socio especial.

El grupo seis-más-dos no duró mucho tiempo, pero abrió la puerta de par en par a la cooperación entre Estados Unidos e Irán. Irán ha conseguido sustituir a Pakistán, que era el socio tradicional de los estadounidenses en Afganistán, al ser acusado de apoyar a los talibanes y de desempeñar un papel ambiguo en la guerra de EEUU contra estos. Irán consiguió apartar a Rusia, Italia y Alemania de las discusiones sobre Afganistán estableciendo un contacto directo con los enviados estadounidenses. Los funcionarios iraníes estaban encantados de dar la vuelta a la tortilla contra los que abogaban por atacar primero a Irán y vieron cómo la maquinaria bélica estadounidense se volvía contra sus enemigos en la región. Eso permitió a Irán relajarse durante un tiempo y organizarse para orientar sus recursos en apoyo de sus aliados antes de la tormenta estadounidense. 

Hasta la década de 2000, se permitieron reuniones directas e indirectas con Estados Unidos bajo los presidentes Ahmadinejad y Rouhani, y ciertamente fueron aprobadas por el Gran Ayatolá Ali Khamenei. Cuando el ex presidente estadounidense Georges W. Bush decidió atacar a los talibanes y a Saddam Hussein, allanó el camino de Irán para convertirse en una potencia regional, con dos enemigos en sus fronteras derrotados u ocupados lejos de Irán. Irán ha cooperado con las administraciones estadounidenses en ambos países, Afganistán e Irak.  

Aunque mantuvieran una estrecha vigilancia sobre la cuestión y preservaran los principios ideológicos de la revolución durante el acercamiento entre Irán y Estados Unidos, tanto Khomeini como Khamenei permitieron al gobierno iraní utilizar un amplio margen de maniobra a la hora de negociar con Estados Unidos. Cuando los intereses del estado se imponen, los Líderes Supremos conceden flexibilidad, siempre que las reuniones sirvan para alejar un peligro mayor de Irán. Los funcionarios iraníes están convencidos de que a los estadounidenses -cuyos dirigentes llevaron la primera instalación nuclear a Teherán- no les importaría ver a Irán convertido en un país nuclear, si no fuera por el apoyo que presta a sus aliados en Oriente Medio y por el hecho de que supone una amenaza para Israel. Además, un Irán poderoso genera miedo a los obedientes aliados de Estados Unidos en Oriente Medio. Prueba de ello es el fracaso del cambio de régimen en Siria e Irak, la guerra en Yemen y el poder militar y económico del que goza Hezbolá, sin parangón en la región, que permite imponer la disuasión a Israel.

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