Enterrando el hacha de la guerra: los árabes reconocerán a Assad y la inversión árabe ayudará a reconstruir Siria

Elijah J. Magnier: @ejmalrai

Traducción: Raúl Jimeno

El presidente sudanés, Omar el-Bashir, realizó una visita histórica a Siria, la primera para un líder árabe desde que comenzó la guerra en Siria en 2011. El-Bashir aterrizó a bordo de un avión ruso en el aeropuerto de Damasco, una muestra de los esfuerzos de Moscú por devolver a Siria a la escena árabe e internacional. Durante siete años de guerra, Sudán, al igual que los Emiratos Árabes Unidos, nunca cerró su embajada en Damasco.

El-Bashir no viajaba solo. Sudán no daría un paso tan grande sin el apoyo de sus aliados. El presidente sudanés es un socio cercano de Arabia Saudí y los Emiratos en su guerra devastadora en Yemen. El propósito de su visita es el de determinar el camino a Damasco para más líderes árabes, que se espera que rindan homenaje al presidente Bashar al-Assad en 2019. Su objetivo es dejar de lado a la República Islámica de Irán, el único país omnipresente en el escenario de Damasco.

Este no es el primer contacto entre los países árabes y Siria desde 2011: Egipto mantuvo su estrecha relación diplomática, política y de seguridad con Siria durante los años de guerra. Bahrein, los Emiratos, Omán, el Líbano y Jordania están presentes hoy en Siria. En el frente occidental, Italia se está preparando para reabrir su embajada, mientras que Alemania y Francia no estuvieron ausentes en los últimos años.

La llegada de el-Bashir a bordo de un avión ruso indica la determinación del presidente Vladimir Putin de crear una red de relaciones entre Oriente Medio, Occidente y Siria. Putin pretende que Siria reanude las relaciones diplomáticas con los países árabes y otros países. Rusia y Siria descartan las condiciones que Estados Unidos está tratando de imponer para la reconstrucción del país, además desean ver las tropas norteamericanas abandonando el Levante.

El-Bashir llegó a Siria en un momento en el que los países de Oriente Medio reconocen que su plan para crear un estado fallido en el Levante ha fracasado. Su objetivo era un estado fallido, no un nuevo régimen; su apoyo ilimitado a los grupos Takfiree (es decir, el “Estado Islámico” ISIS y al-Qaeda) estaba empujando a Siria hacia el caos total, lo que representa un peligro importante para los países vecinos, con la excepción de Israel. Tel Aviv dio la bienvenida a ambos grupos religiosos extremistas, los abrazó y apoyó su presencia en su frontera durante los años de guerra en Siria.

Después de muchos años de guerra, el presidente sirio es hoy más duro en su enfoque hacia Israel, aunque no necesariamente tiene la intención de iniciar un ataque para recuperar el territorio sirio ocupado por Israel in los Altos del Golán. Assad está feliz de ver una resistencia siria local, similar al Hezbolá libanés, que se expande a lo largo de las fronteras y en otras partes del país.

Assad no ha cambiado su postura hacia Irán. Por el contrario, los años de guerra le enseñaron a confiar en aquellos, como Irán, que ofrecieron miles de millones de dólares para apoyar a la economía siria y envió toneladas de armas y miles de hombres para proteger la integridad de Siria.

El presidente sirio nunca ha disminuido su apoyo a Hezbolá. Desde 1982 y hasta hoy, el grupo libanés recibió armas y apoyo financiero a través de Siria. Pero hoy el vínculo es más fuerte que nunca, especialmente después de los cientos de militantes de Hezbolá muertos y heridos en el campo de batalla por la unidad del Levante.

Pero sí, la posición de Assad hacia Hamás ha cambiado. Rechaza cualquier mediación del secretario general de Hezbolá Sayyed Hassan Nasrallah y de Irán para devolver a Hamás al “eje de la resistencia”. Assad considera que no es el momento adecuado para reconciliarse con el grupo palestino porque cientos de sus miembros lucharon dentro de las filas de ISIS y al-Qaeda y fueron responsables del asesinato de sirios.

La posición del presidente sirio fue firme durante toda la guerra, a pesar de la llegada de ISIS (llamado Jabhat al-Nusra en 2013 antes de que Joulani, su líder, declarara lealtad a Ayman Zawaheri) a la plaza de al-Abbaseyeen en Damasco, amenazando al gobierno y presidencia. Arabia Saudí y Estados Unidos ofrecieron reconocer a Assad como el presidente legítimo de Siria a cambio de abandonar a Hezbolá, Irán y Hamás. Bien consciente de la traición de sus interlocutores, Assad se negó y decidió apoyarse en socios de confianza, es decir, Hezbolá e Irán, para ayudarlo a ganar la guerra impuesta en su país.

La visita de El-Bashir expresa la voluntad de sus patrocinadores de reconocer la victoria de Assad y su liderazgo en Siria por temor a dejarlo en manos de Rusia e Irán, que están cosechando los beneficios de su victoria en Siria.

El joven Bashar, que se convirtió en presidente a la edad de 35 años, tiene hoy 53 años y cuenta con una experiencia política y de guerra sin precedentes. Assad es pragmático y de ninguna manera un ideólogo. No tendrá problemas para lidiar con Qatar, Arabia Saudí y los Estados Unidos, que son los países que encabezaron la guerra contra Siria y causaron su destrucción. Aún más, Assad está listo para dar la bienvenida a estos países e invitarlos a tener una papel en la reconstrucción, incluso si no hay confianza entre ellos. Eso se llama el arte de lo imposible.

El reconocimiento de Assad como presidente de Siria por parte de los países responsables de años de guerra abrirá las puertas de la inversión para cualquier persona que quiera participar, incluso si Estados Unidos ocupa el noreste de Siria durante décadas y si Turquía mantiene su ocupación en el noroeste de Siria.

El-Bashir quiere que Damasco regrese a la Liga Árabe, que expulsó a Siria en 2012, cuando los árabes lo reconozcan como el presidente legítimo del país. Siria es un estado y se comportará como tal, no busca venganza pero ofrece una parte del pastel de Damasco para compartir con todos los que estén dispuestos a ayudar a reconstruir el país.

La visita del presidente sudanés fue planeada hace más de un año y fue bendecida por los países que tomaron la posición más radical contra Assad; estos países han aceptado su derrota y reconocen que Siria no caerá. Turquía también está reconsiderando su posición, como se desprende de la reciente declaración del ministro de Relaciones Exteriores, Mevlut Cavusoglu: “si las elecciones [sirias] son democráticas y confiables, consideraremos todas las posibilidades [para cooperar con Assad en caso de su reelección]” . La relación turco-siria es mucho más complicada que la relación árabe-siria. Las tropas de Ankara ocupan una parte de Siria y están protegiendo a al-Qaeda y sus aliados en Idlib, pero el presidente Erdogan comparte un objetivo común con Damasco: ambos buscan la retirada de las fuerzas de ocupación estadounidenses e impedir que los kurdos protejan a las fuerzas estadounidenses e impongan su enclave en el noreste de siria.

La puerta para reconocer a Assad como presidente de Siria está abierta a todos los árabes sin excepción, junto con su inversión para reconstruir el país. Es hora de enterrar el hacha de guerra árabe en el Levante.

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