EE.UU. anuncia la retirada del Levante: es hora de que todas las partes reconsideren su próximo movimiento

Elijah J. Magnier: @ejmalrai

Traducción: Raúl Jimeno

El anuncio repentino de la inminente retirada de las fuerzas estadounidenses del noreste de Siria está siendo ampliamente criticado por los expertos de los Estados Unidos, analistas de centros de investigación y muchas voces del establishment estadounidense. Afirman que la decisión del presidente Donald Trump puede crear un vacío que pronto será reemplazado por una milicia ligada a Irán o por Turquía. Pero el mayor miedo de los críticos de Trump en Washington es que el territorio sirio ocupado por las fuerzas estadounidenses sea devuelto al control de las fuerzas del gobierno sirio. Otro argumento sin fundamento hecho por muchos de estos entusiastas es que las áreas actualmente ocupadas por los Estados Unidos podrían caer en manos de los grupos terroristas Estado Islámico (ISIS) o Al Qaeda; estos últimos operan actualmente en las áreas ocupadas por Turquía en Siria, en la ciudad norteña de Idlib. Si esta preocupación es real, ¿cómo explican los críticos de Trump el fracaso de Estados Unidos para eliminar los grupos del ISIS que quedan a lo largo del Éufrates en la provincia de al-Hasaka durante sus dos años de ocupación en el noreste de Siria? Y, finalmente, los críticos de Trump inevitablemente mezclaron todos los argumentos anteriores con su fobia favorita, afirmando que Rusia y, por supuesto, Irán son los únicos países que se beneficiarán de este movimiento imprudente de Estados Unidos.

De hecho, la presencia de las fuerzas estadounidenses en la provincia siria de al-Hasaka y en el cruce iraquí-sirio de al-Tanf es una verdadera carga para la administración estadounidense, y peligrosa a largo plazo. El retiro del atolladero sirio fortalecerá la posición moral y estratégica de los Estados Unidos en la región. Mientras que el presidente Trump declara inteligentemente la victoria sobre ISIS como su misión cumplida como pretexto para salir de Siria, los observadores regionales saben que es el gobierno sirio, junto con Rusia, Irán y otros aliados, quienes han logrado derrotar a ISIS en toda la geografía siria que ocupan hoy.

En febrero de 2018, cuando las fuerzas sirias intentaron cruzar el Éufrates para cazar ISIS, las fuerzas estadounidenses los atacaron y destruyeron muchos de sus convoyes, lo que provocó la muerte de cientos de sirios y contratistas rusos que luchaban por la aniquilación de ISIS.

Nuevamente, en julio de 2018, cuando las fuerzas sirias y sus aliados intentaron cazar ISIS en la estepa siria, ISIS cruzó a un área segura de 55 km establecida por las fuerzas estadounidenses alrededor del cruce al-Tanf, bajo la protección del fuego estadounidense. Una vez más, las fuerzas estadounidenses y británicas destruyeron varios vehículos militares pertenecientes al Ejército sirio y sus aliados. El mensaje fue claro: no se acerque al área bajo ninguna circunstancia, independientemente de la presencia operativa de ISIS en el área.

Cuando Turquía atacó a Afrin en enero de 2018, las fuerzas estadounidenses no apoyaron al YPG y al PKK en las provincias kurdas del norte, sino que los abandonaron a su suerte forzándolos a unirse a los millones de refugiados internamente desplazados por la guerra impuesta en Siria. Los kurdos se negaron a que el ejército sirio luchara contra la invasión turca a costa de perder sus vidas, riquezas y propiedades. Los kurdos de Siria siguieron el mismo camino que sus hermanos en Irak, creyendo que los Estados Unidos defenderían su causa. No entendieron que el establishment de los Estados Unidos no es una institución caritativa y actúa por sus propios intereses y no por los kurdos ni por el bienestar de los de Oriente Medio en general.

El establishment estadounidense no se detuvo aquí: en agosto de 2018 advirtió a Rusia y Damasco contra cualquier ataque al bastión yihadista en Idlib, con el fantástico pretexto de que el gobierno de Siria podría usar armas químicas. EEUU ha ofrecido protección moral a los miles de yihadistas, incluido al-Qaeda, con sede en Idlib. La retirada de Estados Unidos eliminaría la protección estadounidense de los yihadistas y su supervivencia dependería de la capacidad de Turquía para impedir que violen el acuerdo temporal sobre Idlib entre Rusia, Irán y Turquía.

El establishment estadounidense nunca se tomó en serio la lucha contra ISIS y al-Qaeda. Cuando Obama estaba en el poder, se limitó a mirar mientras ISIS se fortalecía en Irak entre 2014-15, consciente de que se expandiría a Siria. Su profunda preocupación por el medio ambiente lo llevó a evitar atacar a miles de camiones petroleros de ISIS, asegurando más de mil millones de dólares mensuales para el grupo terrorista, entre otras fuentes de ingresos, por temor a contaminar el aire sobre Siria e Irak.

Cuando Trump tomó el poder, prometió retirarse de Siria. Sin embargo, los promotores belicistas de su círculo íntimo lo convencieron de quedarse mucho más tiempo del esperado. Ofreció apoyo militar a la Fuerza Aérea israelí al permitir los aterrizajes en al-Hasaka a los aviones de Netanyahu como base para atacar a los objetivos cercanos del ejército sirio, la base iraní T4 y, en junio de 2018, la base de mando y control de las fuerzas de seguridad iraquíes de Al Hashd al-Shaabi a lo largo de las fronteras iraquí-sirias.

Bagdad se quejó de la presencia estadounidense y decidió, bajo el nuevo primer ministro Adel Abdel Mahdi, enviar el grueso de las fuerzas de Hashd al-Shaabi a las fronteras para limitar los movimientos de EE.UU. e ISIS en el área.

En el sureste de Siria los EE.UU. se encontraron rodeados por fuerzas iraquíes y sirias, decididos a impedir que ISIS cruzara tanto el Eufrates como las fronteras entre Irak y Siria. Mientras tanto, EE.UU. abastece, a un coste muy alto y sin el correspondiente beneficio, a decenas de miles de refugiados sirios en el campo de refugiados de al-Rukban.

En cuanto a los que afirman ingenuamente que la retirada de Estados Unidos permitiría que las fuerzas de Teherán y sus aliados se mudaran a Al Hasaka para llenar el vacío, la República Islámica de Irán transportó miles de toneladas de misiles, armas, alimentos, medicinas y todo la infraestructura básica necesaria para la supervivencia del establishment sirio durante años sin utilizar al-Hasaka, donde se encuentra actualmente los EE.UU. Por supuesto, sería una victoria para Irán ver a Estados Unidos retirarse porque esto ayudaría a su principal aliado, Bashar al-Assad, a recuperar el control de casi un tercio de Siria con sus recursos de petróleo y gas, y evitaría que Turquía ocupe más Territorio en el norte.

El paso realizado por los Estados Unidos beneficiará a Siria y a los sirios sobre todo. Beneficiará a Rusia y las perspectivas de paz mundial al reducir significativamente la posibilidad de conflicto entre las dos superpotencias, cuyas fuerzas operan muy cerca una de otra. Ya ha habido contactos fatales entre EE.UU. y Rusia en el Levante, milagrosamente sin consecuencias hasta la fecha. Irán estará feliz de ver a los Estados Unidos partir de Siria. La retirada de EE.UU. apaciguará la preocupación de Turquía sobre las fuerzas de YPG que colaboran con el PKK en sus fronteras, y reducirá la probabilidad de que Turquía extienda la ocupación de Afrin e Idlib. Irak se beneficiará al no tener que comprometer tantas fuerzas para vigilar a los Estados Unidos, tratando de limitar los movimientos de las fuerzas estadounidenses y cualquier posible choque con ellas. El gobierno belicista de Israel puede lamentar la pérdida de acceso a los aeropuertos de EE.UU. en el territorio ocupado por Siria. En cualquier caso, a Israel no le falta el apoyo de los Estados Unidos y sus aliados en Oriente Medio para utilizarlos como plataformas para sus propios objetivos y propósitos.

Todo lo anterior presupone una seria retirada de Estados Unidos de Siria. La retirada puede tomar el periodo anunciado de 60 a 100 días, pero puede llevar más tiempo. En cualquier caso, este intervalo dará tiempo a todas las partes para repensar su estrategia. Alentará a los kurdos a regresar a Damasco y a reanudar las negociaciones incondicionales con el gobierno. Le dará a Turquía tiempo para pensar en su próximo movimiento, y le permitirá a Siria planificar la reconquista del resto de su territorio ocupado en 2019. Si Damasco y Moscú creen que pueden manejar Idlib y al-Hasaka sin la ayuda de sus aliados, se espera que Irán pueda comenzar la retirada de miles de hombres de Siria, sin que termine su alianza con el gobierno sirio. Si Trump no se retira, ciertamente se las ha arreglado para desviar la atención del asesinato de Khashoggi y le dio a los kurdos muchos pensamientos para pensar sobre lo que pueden esperar de los Estados Unidos en el futuro.

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