A cien días del asesinato de Soleimani: ¿Estados Unidos alcanzó sus objetivos? 2/2

Por Elijah J. Magnier: @ejmalrai

El presidente Donald Trump ejecutó el asesinato del comandante del Cuerpo de Guardia Revolucionaria de Irán (IRGC)-Brigada Quds, mayor general Qassem Soleimani, luego de ser alentado por el primer ministro de Israel, Benyamin Netanuyahu. Israel nunca se atrevió a asesinar a Soleimani incluso cuando el oficial iraní estaba bajo el radar en todos sus movimientos de un lado a otro de Irán a Beirut, Damasco, Bagdad, Irbil y en otros estados. 

La noche del primero de enero, Soleimani regresó de Beirut luego de hacerle una visita al Secretario General de Hezbolá, Seyyed Hassan Nasrallah. Como todas las mañanas cuando estaba en Siria, le pidió a todos sus oficiales basados en el Levante que se reunieran justo después de la oración matutina. Aquella mañana, de forma inusual, retuvo a sus oficiales por más de 12 horas antes de que partiera al aeropuerto de Damasco para un vuelo a Bagdad. 

Netanyahu es demasiado taimado para asesinar a Soleimani directamente o acordar hacerlo en Beirut o Damasco; está al tanto de que sobre Israel caerían misiles un minuto después. Ambos, Netanyahu y Trump -de acuerdo a fuentes- creían que la arena iraquí ardía debajo de los pies de los iraníes. 

En Irak se estaban dando manifestaciones en toda la parte sur del país bajo dominio mayoritario chií, incluyendo en la capital, Bagdad. Estados Unidos podía haber creído que Irán ya no tenía privilegios en Irak, particularmente luego de que una docena de jóvenes incendiaran sus consulados en Kerbala y Nayaf. Pero la gente en la calle protestaba contra la corrupción de los políticos iraquíes, la falta de oportunidades de trabajo y las carencias de infraestructura básica, no contra Irán. 

Estados Unidos erradamente creyó que los días de las Fuerzas de Movilización Popular (FMP) -agradecidas por la respuesta de apoyo temprano iraní los primeros días de la ocupación del ISIS de un tercio de Irak, cuando Estados Unidos se negó a apresurarse a derrotar al grupo terrorista y le negó la entrega de armas ya pagadas a Bagad- estaban contados. La administración estadounidense que está a 10.000 kilómetros de distancia de Irak al parecer creía que su hegemonía no tenía rival y era indiscutida y reconocida como la única en el Medio Oriente. De hecho levantó una exitosa campaña mediática contra las FMP, describiéndolas como una “milicia iraní”. 

Sin embargo, las manifestaciones en las ciudades chiíes de Irak eran contra las aspiraciones de Irán por la estabilidad de Irak. No fueron ignoradas al punto de que incluso la más alta autoridad religiosa en Irak, Sayyid Alí Sistani, marchó junto a sus exigencias y pidió -y consiguió- la renuncia del primer ministro Adel Abdul Mahdi. El poder constitucional estaba en un vacío, y la estabilidad del país en estado crítico. Los líderes chiíes no lograron alcanzar un acuerdo sobre qué persona podía dirigir el país. Soleimani era incapaz de elegir un candidato que disfrutara del apoyo de la mayoría. Este fue el punto en el que Estados Unidos asesinó a Soleimani y al Mohandis. 

El asesinato llevó a más de un millón de protestantes iraquíes a las calles, manifestándose contra la presencia estadounidense en Irak y en duelo por su líder al Mohandis, que había combatido contra el ISIS por años. Por primera vez, todos los grupos, partidos políticos y organizaciones estaban unidos bajo un eslogan: se debe eliminar la existencia de las fuerzas estadounidenses en Irak. De hecho, el parlamento iraquí se reunió y con 173 miembros votaron a favor del retiro de las tropas. El precio de asesinar a Soleimani y Mohandis fue todo menos barato. El tablero se le volteó al presidente Trump y su aliado Netanyahu. Ninguno de los que manifestaban previo al asesinato volvieron a salir a la calle luego de ese día. 

Trump le dio un verdadero envión de apoyo a las FMP y a Irán, el mismo Trump que creía que los aliados iraníes quedarían huérfanos sin esos dos líderes. De hecho, en estas últimas semanas, diversas organizaciones iraquíes emergieron retratando sus capacidades militares al publicar imágenes tomadas por dron de la muy vigilada embajada de los Estados Unidos en Bagdad y la base militar (ocupada por estadounidenses) de Ein al-Assad. Otro grupo publicó otro enseñando cómo dos dispositivos explosivos improvisados explotaban en un intervalo de un minuto contra camiones que transportaban vehículos militares de los Estados Unidos. 

Políticamente, el presidente Barnham Saleh se había hecho con la oportunidad y eligió a un candidato a primer ministro anti-Irán y pro-Estados Unidos: Adnan al-Zurfi. Esto fue justo cuando el líder del Consejo de Seguridad iraní, almirante Alí Shamkhani, luego de Ismail Qaani, visitara Irák. Al-Zurfi fue removido y reemplazado por un Primer Ministro aceptado por Teherán. Las tropas estadounidenses han salido de seis bases y centros de control, y ningún soldado norteamericano puede caminar o conducir por las calles de Irak sin ser un objetivo ambulante. 

En el frente palestino, Qaani se reunión con Hamas, “Yijad Islámica”, el Frente Popular Palestino y todos los grupos que operan en Gaza. La primera reunión tuvo lugar en Teherán, luego hubieron otros encuentros en Damasco y Beirut. Qaani está determinado a apoyar a los palestinos más que nunca. Israel está al tanto de las capacidades militares palestinas, consciente de que cualquier enfrentamiento en el futuro será costoso. 

Trump quiso que el asesinato de Soleimani fuera el cambio de paradigma. En su lugar terminó recibiendo una guerra abierta contra los aliados de Irán en Irak. El Secretario General de Hezbolá, Seyyed Hassan Nasrallah dijo: “El precio por el asesinato de Soleimani será la salida forzada de las tropas estadounidenses de Irak”. Esto quiere decir que todos los soldados norteamericanos son un objetivo potencial. ¡Esta es la gloriosa política de Trump en el Medio Oriente en acción!

Trump quiso cambiar las Reglas de Enfrentamiento y apuntó a ganarlo todo. Terminó pidiéndole a los iraquíes una “salida honorable de Mesopotamia”. El asesinato de Soleimani ofreció al “Eje de la Resistencia” lo que Irán nunca se hubiera atrevido a pedirle a Irak: que votara (la salida de Estados Unidos). La pérdida de Soleimani y Mohandis parece un paso necesario para apoyar a Irán en varios frentes. Irán regresó a su antigua mejor política: disfrutar mientras se hace con los éxitos provocados por los fracasos de los Estados Unidos en el Medio Oriente. 

Traducción: Diego Sequera

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