Después de Líbano 2006, Siria 2011 e Irak 2014, la “OTAN árabe” y una guerra entre sunitas y chiítas que revive

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Elijah J. Magnier: @ejmalrai

Traducción: Raúl Jimeno

Todas las guerras iniciadas o apoyadas por el establishment de Estados Unidos, desde la ocupación de Irak en 2003, la segunda guerra israelí contra el Líbano en 2006, el cambio de régimen en Siria en 2011 y la ocupación de un tercio de Irak en 2014, han fracasado en su objetivo de avivar el fuego de la guerra sectaria entre sunitas y chiítas en Oriente Medio. El fracaso de esta estrategia ha empujado al establishment estadounidense hacia dos nuevas opciones: la primera, el uso de los medios de comunicación para revelar la intención de Arabia Saudí de dañar la economía iraní y asesinar a sus comandantes militares. La segunda pasa por promover y anunciar un “Ejército árabe (suní) de la OTAN“. El objetivo es mantener viva la posibilidad de una guerra sectaria.

La lucha por el dominio entre Arabia Saudí e Irán ha continuado desde la caída del Sha y la victoria de la República Islámica en 1979. Hoy, sin embargo, el nivel de confrontación directa en varias partes de Oriente Medio (Líbano, Siria, Irak, Baréin y Yemen) no tiene precedentes. Esto es en parte el resultado de los esfuerzos de Estados Unidos echando gasolina al fuego del odio y la rivalidad entre Arabia Saudí e Irán.

Va en contra de los intereses del establishment de los Estados Unidos ver cómo la lucha entre Irán y Arabia Saudí se desvanece porque eso dañaría la economía de los Estados Unidos. Trump dijo claramente que necesita dinero árabe a cambio de la protección que ofrece, de lo contrario “los regímenes árabes no durarían ni una semana“. En consecuencia, un estado de no guerra o no rivalidad entre Teherán y Riad reduciría significativamente los miles de millones de dólares en ventas de armas de Estados Unidos a Arabia Saudí.

La monarquía saudí es muy consciente de la necesidad de EE.UU. en venderles armas. De hecho, los medios de comunicación saudíes amenazaron a los Estados Unidos, tras el asesinato de Jamal Khashoggi, de que cesaran todas las hostilidades contra Irán si Washington insistía en acusar a un alto funcionario saudí (MBS) del horrible secuestro y asesinato. Esto demuestra que la animosidad de Arabia Saudí hacia Irán es un arma de doble filo utilizada tanto por los EE.UU. como por la monarquía saudí para alcanzar sus propios objetivos, los cuales son a veces mutuamente conflictivos. Los funcionarios sauditas están felices de continuar dándole a Trump las sumas de dinero que quiere mientras den a Arabia Saudí carta blanca en la región, principalmente contra Yemen.

El otro problema con el que está luchando el establishment estadounidense es el despertar del oso ruso después de su larga hibernación desde la Perestroika en 1991. Moscú, con su exitosa intervención en Siria y su participación en Irak y en Líbano, se está convirtiendo en la mayor pesadilla para Washington. El plan de cambio de régimen de los Estados Unidos ha fracasado en Siria y la manipulación de los yihadistas extremistas no ha servido a los intereses y objetivos de los EE.UU. Aún más preocupante para los Estados Unidos es el surgimiento de la alianza entre Irán, Rusia y China que señala el fin de la hegemonía global de los Estados Unidos.

No dispuesto a rendirse a la nueva realineación regional, el establishment de los Estados Unidos prevé una OTAN árabe, similar a la OTAN occidental, para contrarrestar a Rusia en Oriente Medio. Tal alianza serviría para reavivar los conflictos sectarios entre los sunitas y los chiítas. Este plan podría incendiar la región, pero también quemaría la tierra que queda debajo de los rusos, impidiendo que sus planes permanezcan y que estos expandan su dominio en la región. El pensamiento de EE.UU. es que si ellos no pueden dominar exclusivamente Oriente Medio entonces es mejor que la región caiga en llamas. La OTAN árabe será un ejército sunita para luchar contra los chiítas. Sin embargo, el dramático fracaso militar de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos contra el país más pobre de la región, Yemen, sugiere que esta nueva OTAN árabe nacerá muerta.

Sin embargo, esto solo indica hasta dónde está dispuesto a llegar el establishment estadounidense y qué tipo de armas está dispuesto a usar para proteger su hegemonía global y para mantener el flujo del dinero saudí. El “nuevo Oriente Medio” promovido por Condoleezza Rice en 2006 no logró derrotar a Hezbolá ese mismo año. El establishment de Trump está tratando de imponer una nueva ola de sanciones a el Líbano para luchar contra Hezbolá con pocas posibilidades de éxito. Hezbolá es más fuerte hoy que nunca y está listo para ir más allá de su zona de confort para contrarrestar, si fuese necesario, cualquier movimiento de los Estados Unidos en su contra en el Líbano.

El intento de cambio de régimen en Siria fracasó en 2018. Sin embargo, las fuerzas estadounidenses mantienen cerrado la frontera de al-Tanf entre Siria e Irak para evitar que cualquier ingreso financiero sustancial vuelvan a llenar la tesorería de Damasco. Los Estados Unidos se niegan a eliminar al grupo terrorista ISIS en albu Kamal, ya que prefieren usar al grupo ISIS para evitar así la reapertura de los lazos comerciales entre el Levante y Mesopotamia.

Además, los Estados Unidos utilizaron sus medios y sus académicos para promover la partición de Irak en tres: Shiistán, Sunnistán y Kurdistán. Pero fracasaron en su objetivo de dividir el país cuando el gobierno iraquí logró derrotar a ISIS y mantener al país unido. Sin embargo, Estados Unidos parece no estar dispuesto a rendirse y se espera que use sus sanciones unilaterales sobre Irán para presionar un poco más a Irak en los próximos meses. Se espera que Bagdad rechace cualquier demanda de los Estados Unidos de respetar las sanciones impuestas por Trump.

Y por último, EE.UU. intenta torcer el brazo de los palestinos imponiendo su agenda en Jerusalén y amenazando la seguridad y estabilidad de Jordania al negar el derecho de retorno de los palestinos a sus tierras y proponiendo una política de asentamiento alternativa en Jordania. Todo esto se está haciendo con el apoyo de Arabia Saudí.

Hoy en día, Washington es más imprudente que nunca y hará todo lo posible para desencadenar más guerras en Oriente Medio. Es demasiado pronto para hablar de estabilidad duradera en la región mientras el establishment de los Estados Unidos siga decidido a crear inestabilidad y alimentar, en la medida de lo posible, una guerra sectaria.

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