La política iraquí dentro de la tormenta, rumbo a la inestabilidad y el caos

Por Elijah J. Magnier: @ejmalrai

Luego de que el presidente iraquí Barham Saleh nominara a Adnan al-Zarfi (Zurufi o Zurfi) como nuevo Primer Ministro, Irak entró a una fase crítica. El bloque chií está dividido. Los 30 días que le dieron a al-Zarfi para nombrar a su gabinete conducirán o bien a un quórum en el parlamento reconociendo al nuevo gabinete, o a un futuro sangriento que pudiera derivar en agitación social e incluso la partición de Irak. ¿Por qué el presidente Saleh nominó a al-Zarfi?

En 2018, el presidente del parlamento, Mohamed Halbusi, propuso como presidente a Barham Saleh. La propuesta fue adoptada por “Al-Fateh”, la mayor coalición chií, sin el consentimiento de los suníes. El líder kurdo Masud Barzani y el enviado presidencial de los Estados Unidos, Brett McGurk, se opusieron a la nominación de Saleh. Fue el mayor general iraní Qassem Soleimani quien forzó a Barham Saleh a ser el presidente. Saleh, al ser nominado, le prometió a Soleimani ser “mejor que Mam Jalal” (el tío Jalal talabani, uno de los aliados más cercanos de Irán). Una vez electo Saleh, la coalición “Al-Fateh” le solicitó que designara a Adel Abdul Mahdi como primer ministro, cosa que cumplió. Un año después, la Marjaiya en Nayaf le exigió a Abdul Mahdi que renunciara en respuesta a las manifestaciones callejeras que exigían reformas, infraestructuras necesarias y mejores oportunidades laborales. 

Soleimani se reunió con los líderes chiíes acordando -con la excepción de Hadi al-Ameri, que quería ser Primer Ministro- que nominaran a Qusay al-Suheil. Al-Fateh adelantó el nombre al presidente Barham Saleh, quien se negó a nombrarlo y fue a Irbil por unos días, tiempo suficiente para que la calle rechazara su nombramiento. Fue sayyid Muqtada al Sadr -quien rechazó la designación de al Suheil- quien luego contactó al presidente Saleh informándole que representaba a la coalición más numerosa, llamada “Sairun”. Saleh, que temía por la reacción de Muqtada, envió una carta al parlamento y a la corte constitucional pidiéndoles que dieran una definición a la “coalición más numerosa”. Nadie pudo responderle con claridad.  

La definición de la constitución de Irak de la “coalición más numerosa” es elástica y objeto de interpretaciones. El presidente Barham Saleh, de forma maliciosa, arrojó una manzana de la discordia entre el parlamento y la corte constitucional. Fue Nuri al-Maliki, que había logrado reunir 91 diputados y pasó a ser elegible para formar un gobierno. Al-Maliki formó una coalición amplia luego de que fueran juramentados los diputados y estableció que lideraba la coalición más numerosa, como se definió por las alianzas definitivas que se formaron luego de las elecciones parlamentarias, en vez de por los resultados electorales. 

El presidente Saleh le dijo a Soleimani que la alianza chií estaba dividida y que no estaba en posición para decidir. Al mismo tiempo, Saleh le dio espacio a los norteamericanos que vieron que los candidatos de Soleimani no lograban consenso. Los alíados chiíes de Irán efectivamente contribuían al fracaso de los esfuerzos de Soleimani por alcanzar un acuerdo entre ellos para un candidato a Primer Ministro. 

Al adelantar su renuncia el 29 de noviembre de 2019 al presidente Saleh, Adel Abdul Mahdi dejó claro que no quería volver al poder. El 1 de febrero, tras la exigencia de Muqtada al-Sadr, nominó a Mohamed Allawi. A Muqtada se le confirió un papel de liderazgo para elegir a un candidato tras el asesinato estadounidense de Soleimani en un aeropuerto de Bagdad. Este liderazgo, acordado en Teherán por el general Ismail Qaani, quien creía que Muqtada debía liderar a todos los grupos por haber sido el principal instigador de las protestas. A pesar de que la gente en la calle ya no le daba la bienvenida a Muqtada, permaneció como el único capaz de despejar el camino y permitir la formación de un nuevo gobierno. La prioridad de Irán era por que el parlamento y el gobierno se concentraran en el retiro de todas las fuerzas extranjeras, lideradas por Estados Unidos. 

Mohamed Allawi no alcanzó el quórum parlamentario porque fue desdeñoso con algunos de los chiíes, los suníes y los kurdos. Allawi creía que era suficiente con el apoyo de Muqtada y que los demás grupos y etnicidades iban a tener que aceptar los ministros que eligió. Allawi le presentó su dimisión a Saleh el 2 de marzo.

De acuerdo al artículo 73/3 de la constitución iraquí, la autoridad exclusiva de nominar al primer ministro recae sobre el presidente, que tiene 15 días para elegir al candidato. Sin embargo, el presidente Saleh le dio a los chiíes 15 días para elegirlo. Se formó una coalición de siete miembros representando a todos los grupos. Presentaron 17 candidatos. Tres nombres fueron ofrecidos: Naim al-Suheil, Mohamed al-Sudani y Adnan al-Zarfi. Naim al-Suheil recibió la mayoría de los votos pero fue rechazado por Faleh al-Fayad. 

Aunque al-Zarfi es miembro del partido al-Nasr liderado por el ex primer ministro Haidar Abadi (al-Nasr se formó en 2018), Nuri al-Maliki presionó por que fuera al-Zarfi y lo envió a Beirut a convencer a los libaneses para que dieran su bendición a la nominación. Irán se oponía a la designación de un ciudadano estadounidense (al-Zarfi tiene pasaporte de los Estados Unidos). Confrontado por el rechazo de Irán, al-Maliki se las arregló para convencer a Muqtada al-Sadr para que nominara a al-Zarfi. Al-Maliki lo logró incluso a pesar de que al-Zarfi fuera el que combatió a Jaish al-Mahdi -con apoyo estadounidense- en Nayaf en 2004, persiguió a Muqtada en la ciudad y lo expulsó a Bagdad. Muqtada al-Sadr -quien recientemente rechazó que cualquier ministro tuviera doble nacionalidad- firmó el papel acordado ofrecido a Saleh junto a Nuri al-Maliki, Haidar Abadi y sayyid Ammar al-Hakim, representando a la nueva y designada “coalición más numerosa”. 

Fue la oportunidad de oro para Saleh, con la ausencia de Soleimani, para complacer a los estadounidenses, los kurdos, los suníes y un grupo grande de chiíes. Saleh se valió de su autoridad constitucional para nominar a al-Zarfi como primer ministro. Si al-Zarfi logra formar su gobierno y presentárselo al parlamento, será un golpe para Irán. Con el apoyo de semejante coalición compuesta por miembros del parlamento chiíes, suníes y kurdos, no queda duda de que alcanzarán el quórum necesario.

Una de las principales razones por la que Muqtada al-Sadr apoya a al-Zarif (aparte de todas las promesas de al-Zarif de satisfacer las peticiones de Muqtada en el nuevo gabinete) es el nacimiento de un nuevo grupo denominado “Osbat al-Thaerin” (la banda de los revolucionarios). Este grupo asumió la responsabilidad de bombardear la base militar de al-Taji, donde Estados Unidos y otros miembros de la coalición tienen presencia permanente. Sayyid Muqtada rechaza cualquier ataque a las fuerzas estadounidenses y prefiere actuar a través de canales diplomáticos (vía el parlamento). Muchos grupos iraquíes cercanos a Irán juraron buscar la salida de las fuerzas estadounidenses principalmente debido al rechazo del Pentágono de discutir un retiro total de tropas. Estados Unidos está dispuesto solamente a reubicar sus efectivos. Aún más, Estados Unidos está reforzando su presencia en bases cruciales en Irak (K1, Ein al-Assad e  Irbil) y está a punto de traer sistemas de intercepción de misiles Patriot a sus bases, sin el consentimiento del gobierno iraquí. 

Si al-Zarfi logra alcanzar la aprobación parlamentaria, pudiera buscar el evitar cualquier negociación sobre el retiro con Estados Unidos. También disolvería a Hashd al-Saabi (las Fuerzas de Movilización Popular) y desarmar a todos los grupos cercanos a Irán. Al-Zarfi no se encuentra en posición de buscar un cambio en la decisión parlamentaria en lo relativo a la salida de Estados Unidos. Ese tema le concierne al parlamento recién electo. Sin embargo, se espera que al-Zarfi, como cualquier primer ministro nuevo, reúna un número considerable de diputados en las próximas elecciones al parlamento, suficiente para buscar la presencia prolongada de las fuerzas estadounidenses en Irak.

Este escenario sólo es aplicable de al-Zarfi llegarle al parlamento con un nuevo gabinete en 30 días y mantener a sus aliados, principalmente a los chiíes. Irán hará todo lo posible para dificultarle las cosas al-Zarfi. El ex gobernador de Nayaf fue acusado de incendiar los dos consulados de Irán en Kerbala y Nayaf el año pasado, y se espera que siga por el camino del líder de su coalición (el ex primer ministro Abadi) al respetar las sanciones de Estados Unidos a Irán. Esto sería devastador para la economía de Irán, que ya está sufriendo de las sanciones más severas de su historia. 

Al-Zarfi como primer ministro será un golpe duro para Irán y para aquellos que apoyan su ideología y objetivos en Irak. El coronavirus no alejará a Irán del teatro iraquí; Irán no permitirá que Irak caiga bajo control de los Estados Unidos. De al-Zarfi llegar al poder, la estabilidad de Irak se estremecerá, y la partición volverá a la mesa. Se puede esperar una era de inestabilidad en Mesopotamia bajo un primer ministro iraquí considerado como aliado de Estados Unidos, particularmente luego del asesinato de Qassem Soleimani. 

Traducción: Diego Sequera

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