¿Estados Unidos iniciará una guerra en Irak?

Por Elijah J. Magnier: @ejmalrai

La administración estadounidense ve a Irak como la arena de confrontación con Irán, con el objetivo de subyugar al país a su dominio y hegemonía. Los Estados Unidos le imponen sanciones severas a Irán y está tratando de cerrar el mercado iraquí para evitar que Teherán contrabandee su petróleo a través de Mesopotamia, además de obstruir las ventas de gas incluso cuando esto signifique cortar el suministro eléctrico al sur de Irak. Todos los medios son válidos para que la actual administración aplaste a Irán con sanciones económicas y cerrarle el acceso a sus países vecinos. Estados Unidos también dijo que está preparando una campaña militar contra Kataib Hezbolá, al parecer convencido de que este grupo es la rama iraquí del Hezbolá libanés. Incluso así ambos grupos compartan el mismo objetivo —oponerse a la hegemonía estadounidense—, difieren en su liderazgo y su aproximación y relación con Irán. Sin embargo, debería tomarse en cuenta que las consecuencias sobre el territorio nacional estadounidense del efecto devastador del Covid-19 ha creado un declive económico sin precedentes, y esta carga también recae sobre el ejército desplegado fuera del país. También, la historia demuestra que Estados Unidos no va a la guerra si su victoria no está garantizada. 

Hay muchas razones por qué los Estados Unidos ni siquiera están cerca de iniciar una guerra en Irak. No hay dudas de que tiene el poder militar para librar la guerra que quiera contra cualquier país pequeño o mediano. No obstante, Washington puede iniciar una guerra pero no será capaz de detenerla con la misma facilidad. Tampoco tiene idea sobre el daño que una guerra en Irak pudiera causar. ¡Las guerras en Afganistán, Irak y Siria son la mejor evidencia, si evocamos a la historia contemporánea, de su inhabilidad para decidir cuándo debe detenerse! De este modo, lanzando una guerra en Irak en 2020 no sería el paseo que fue en 2003. A pesar de la ocupación del país con decenas de miles de hombres, no lograron subyugar Irak, principalmente debido a la aparición de las resistencias suní y chií, que sacaron a Estados Unidos de Irak en 2011.

Y cuando las fuerzas estadounidenses volvieron en 2014 —a petición del gobierno iraquí— para contribuir en el combate al ISIS, su presencia era regulada y limitada a combatir a la organización takfiri y ofrecer entrenamiento militar pagado. Tenía prohibido el conducir cualquier actividad militar en el país sin el permiso del Primer Ministro. Estados Unidos no sólo ha violado este acuerdo, sino que ha atacado al ejército iraquí, a la policía federal y las Fuerzas de Movilización Popular (FMP) en la frontera sirio-iraquí, matando e hiriendo a 56 elementos. Aún más, le permitió a Israel atacar los depósitos de las fuerzas de seguridad iraquíes, esto de acuerdo a lo que le reveló el embajador estadounidense al Primer Ministro durante una visita privada a su oficina en Bagdad. También, Estados Unidos coronó su interferencia ilegal en los asuntos iraquíes con el asesinato de dos líderes, el mayor general Qassem Soleimani en una misión solicitada por el premier iraquí, y Abu Mahdi al Mohandis, el comandante de las FMP. Estos actos llevaron al parlamento a formalizar la petición de salida inmediata de Irak de los Estados Unidos. 

Irán fue el primero en responder a la urgencia de defender Bagdad e Irbil cuando estaban bajo peligro inminente por el avance del ISIS en 2014. Teherán continuó suministrándole a los iraquíes armamento a petición de Bagdad. Un político en Irak dijo que “un diplomático británico de alto nivel le dijo a un funcionario de alto nivel iraquí en Bagdad que las FMP tenían misiles iraníes muy precisos que podían alcanzar cualquier país de la región y que esto era lo que preocupaba a los Estados Unidos y otros países de la zona”. 

Luego de la petición del parlamento y el incremento de la hostilidad hacia la presencia de Estados Unidos en Irak, donde las tropas extranjeras son consideradas fuerzas de ocupación, Estados Unidos comenzó el plan de reubicación. Ha abandonado seis bases militares y centros pero equipó las bases de Ein al-Assad, Balad y Harir con misiles Patriot, haciendo caso omiso de la desaprobación de Bagdad. Este es el por qué los líderes iraquíes son escépticos de la seriedad de las verdaderas intenciones de la retirada de Estados Unidos. 

La presencia estadounidense en Irak apunta a controlar a Irán y el acceso al petróleo. Por lo tanto —creen algunas fuentes— la salida de Estados Unidos no será clara. Estados Unidos no ha logrado, luego de 17 años de ocupación y asistencia militar contra el ISIS, el ganar las mentes y corazones de la población. 

Estados Unidos erradamente asumió que Ismail Qaani, el comandante de la Brigada Quds del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán (IRGC, por su siglas en inglés), no reemplazaría a su predecesor asesinado, Qassem Soleimani. Tampoco pudo entender que Irán es un país, donde el IRGC es una institución. El Eje de la Resistencia nunca ha dependido de una persona en específico, sea cual sea su estatus. Qassem Soleimani efectivamente tomaba decisiones, pero estaba afiliado a la IRGC-Brigada Al Quds, que está dirigida por el líder supremo Seyyed Alí Jamenei. Luego del asesinato de Soleimani, Seyyed Hassan Nasrallah, líder del Hezbolá libanés, asumió el vacío temporal para continuar los asuntos de los palestinos en Gaza, los avances en Siria, los iraquíes y los yemeníes. Podemos observar la presencia de Hezbolá en todos estos ejes y países. 

En Irak han emergido comunicados de diferentes organizaciones nuevas exhibiendo competencia en guerra medíatica, posesión de drones y lectura de archivo aéreo, y una similitud en los métodos y el profesionalismo del Hezbolá libanés. Uno de los últimos comunicados del nuevo grupo “Resistencia Islámica de Irak – Dueños de la Cueva (compañeros)” le agradecieron a los suníes iraquíes por su ayuda en el ataque al convoy estadounidense que viajaba entre Irbil y la provincia de Salahuddin, invitándolos a unirse a la resistencia contra las fuerzas estadounidenses. El grupo ofreció armar, entrenar y entregarle armas a “nuestros hermanos suníes”. 

Otra razón por la que Estados Unidos se encuentra lejos de declarar cualquier guerra a los grupos iraquíes es el brote de coronavirus y la decisión tomada por el Pentágono de detener cualquier movimiento militar entre bases, y cualquier despliegue en todo el país. Cualquier guerra es una aventura arriesgada que puede tener consecuencias pesadas para el ejército estadounidense, especialmente ahora que, en cuanto a números de casos y muertes causadas por el virus del Covid, los Estados Unidos están en el primer lugar. El presidente Donald Trump no se encuentra en posición de permitirle a su ejército el ser atacado por el virus. 

También ya hemos visto que el presidente Trump se ha negado a atacar a Irán en varias ocasiones. Irán dijo que defenderá Irak, tal como lo confirmó el almirante Alí Shamkhadani, secretario general de Seguridad Nacional. Por lo tanto, Estados Unidos no quiere ver involucrada a Irán en el campo de batalla iraquí. Irán ya ha derribado los drones más sofisticados y bombardeó la base de Ein al-Assad, el primer ataque contra las fuerzas estadounidenses desde Pearl Harbour durante los días de la Segunda Guerra Mundial. Trump prefirió no responder. 

Por último, si bien no menos importante, el presidente Trump no librará una guerra en los próximos meses previos a las elecciones presidenciales, especialmente cuando el resultado de una guerra así y su respuesta consiguiente son impredecibles. Como resultado de eso, la información filtrada del gobierno estadounidense por los medios occidentales de que el Pentágono emitió una orden para prepararse para la guerra en Irak puede identificarse como parte de la guerra psicológica.

Estados Unidos ha violado sus compromisos con Irak en varias oportunidades, desplegando misiles Patriot para proteger sus bases y reubicando sus fuerzas sacándolas de las bases más vulneradas esparcidas en varias partes del país. Sin embargo, los misiles Patriot ya demostraron su incapacidad para repeler misiles disparados desde Líbano, Yemen y Palestina. En consecuencia, es una medida defensiva que no los protegerá de la decisión de varias organizaciones de bombardear sus bases cuando la confrontación se vuelva inevitable, si Estados Unidos insiste en quedarse en Irak ignorando la voluntad de los iraquíes. De este modo, Estados Unidos no controla la decisión de ir a la guerra en Mesopotamia: lo más probable es que los grupos iraquíes sean los que la comiencen. La partida de Estados Unidos puede proteger estratégicamente los intereses de Estados Unidos, pero si insiste en quedarse, el poder del gobierno central en Bagdad será debilitado. Líbano es el mejor ejemplo de este fenómeno. Las organizaciones de la resistencia iraquí se convertirán en cuasi actores estatales, mucho más fuertes de lo que han sido hasta ahora. 

Traducción: Diego Sequera

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