Cómo Irán decidió bombardear las bases estadounidenses en Irak y cómo Trump evitó una guerra total

Por Elijah J. Magnier: @ejmalrai

El 3 de enero, poco después de medianoche, noticias sobre el asesinato del mayor general Qassem Soleimani, el general de brigada Hussein PurJaafari, el coronel Sharud Muzaffari Nia, el mayor Hadi Tameri y el capitán Wahid Zamaniam llegaron a la embajada iraní en Bagdad. Funcionarios de la embajada fueron contactados por el convoy, y de repente las comunicaciones fueron interrumpidas. Sardar Soleimani gozaba de inmunidad diplomática y el gobierno iraquí le había solicitado oficialmente para que ayudara a derrotar al ISIS. Además, el convoy fue atacado justo enfrente de un punto de control iraquí que estaba al tanto de que el comandante Abu Mahdi al-Mohandis estaba en ese convoy junto a su equipo de seguridad. Las noticias fueron comunicadas a Teherán y de ahí a la casa del líder de la revolución iraní, sayyid Alí Jamenei.  

“Pertenecemos a Alá y a él retornaremos”. Estos versos del Corán las pronuncia un creyente cuando se le anuncia la muerte de alguien que conoce, sea cercano o no. Es un recordatorio de que todos los humanos son mortales. Y esa fue la primera reacción del sayyid Jamenei cuando le llegó la noticia de la muerte de “un hijo”. Tal era la cercanía del sardar Soleimani al sayyid Jamenei. Soleimani se ganó el título de “mártir viviente” por las tantas ocasiones en las que su vida corrió peligro mientras combatía al ISIS y al Qaeda en Siria e Irak. 

El primero de enero, Soleimani partió de Beirut y durmió en Siria, a poca distancia del aeropuerto de Damasco. En cada viaje que realizaba a Siria,  tras las oraciones matutinas y justo antes de salir el sol, solía tener reuniones con todos sus comandantes por un máximo de dos horas. Aquel día retuvo a sus comandantes para almorzar y luego les permitió retirarse justo antes de la caída del sol. No paró de hablar, dejando instrucciones para su equipo de comandantes en el Levante. El capitán Wahid Zamaniam solía ser su compañero inseparable. El Mayor General saludó a los oficiales iraquíes e iraníes en el aeropuerto de Bagdad al llegar al sitio donde un dron estadounidense lo asesinó. 

De acuerdo a una fuente muy bien informada dentro del “Eje de la Resistencia”, cuando sayyid Jamenei supo del asesinato convocó a una reunón de sus comandantes a las pocas horas del asesinato y dio su instrucción: “Prepárense para una respuesta contundente. Anunciaremos nuestra responsabilidad directa para que el enemigo sepa que lo estamos desafiando de frente y no en la forma cobarde con la que los Estados Unidos mataron a Soleimani y sus compañeros. Den un duro golpe que quiebre su arrogancia en el mismo teatro en el que ejecutaron este vil asesinato”. 

Varios escenarios fueron planteados frente a sayyid Jamenei. La primera opción fue Ein al-Assad, la base aérea de mayor significación en Irak, ahí donde el presidente Trump atterizó en lo que consideraba el lugar más seguro en todo Irak. Irán conoce hasta el más mínimo detalle de la base. Su inteligencia y sus drones fueron lo suficientemente buenos como para identificar el contenido de cada hangar y de cada instalación. 

También hubo planes para un segundo golpe, aún más poderoso y doloroso que el primer objetivo, contra una base estadounidense fuera de Irak, en el Golfo Pérsico, en caso de los Estados Unidos responder al ataque a Ein al-Assad.

Además se organizó un tercer golpe, mucho más poderoso y destructivo que los dos primeros contra la base más importante de los Estados Unidos en el Medio Oriente. Este ataque apuntaba a provocar muchas bajas, muchas más que la otra posible retaliación de los Estados Unidos. 

Tres planes, tres escenarios, todos organizados para ser ejecutados uno tras otro en tres golpes consecutivos. Sayyid Alí Jamenei aprobó todas estas respuestas para que no hubiera necesidad de que sus comandantes le pidieran su bendición al respecto. Tras eso, sayyid Jamenei giró la instrucción de volver para recibir nuevas órdenes y declarar movilización general en el país, donde se anunciaría una guerra total contra los Estados Unidos, de haber una respuesta militar a todos los ataques iraníes. En este escenario final, sayyid Jamenei exigió un plan en el que cientos de misiles fueran lanzados en simultáneo contra todas las bases militares de los Estados Unidos en los países que rodean a Irán, en el Levante, y más allá. Estarían involucrados todos los aliados de Irán en el Medio Oriente, y los aliados de los Estados Unidos serían atacados de forma directa. Pero esta decisión definitiva iba a requerir una últma evaluación del sayyid Jamenei. 

Ese era un escenario probable que el presidente de los Estados Unidos logró evitar con su decisión de des-escalar, a pesar de las bajas humanas y la destrucción inflingida a la base de Ein al-Assad.

“Irán no usó ningún misil de los que están guardados en silos para atacar la base de Ein al-Assad. Al contrario, todos fueron desplegados de forma abierta y preparados para ser lanzados dos días antes bajo la mirada de los satélites estadounidenses. Funcionarios diplomáticos enviaron una multitud de mensajes solicitándole a Irán que se abstuviera de responder o que, al menos, suavizara la respuesta. Todas las solicitudes fueron rechazadas. Irán evitó tomar por sorpresa a los Estados Unidos; de haber querido sorprenderlos, los misiles hubieran sido lanzados desde sus silos sin previo aviso. Fue un desafío directo a la hegemonía estadounidense. Además, Irán le informó a los Estados Unidos que iba a atacar, retando aún más al presidente Trump y su aparato militar en el Medio Oriente al demostrarle que Irán no le temía a las consecuencias”, dijo la fuente. 

Irán envió sus drones a sobrevolar bases de los Estados Unidos en Kuwait, Qatar, Arabia Saudita, los Emiratos y otros países cercanos. Era una señal de que Teherán estaba preparado para la guerra y un indicio del banco de objetivos iraníes. Los mandos iraníes estaban preparados de llegar al punto de no-retorno de ser necesario. 

Nadie en Irán acepta rendir su programa de misiles que se ha convertido en el orgullo del pueblo iraní y sus fuerzas armadas. Cuando los Estados Unidos bombardearon a cientos de contratistas rusos en Deir Ezzor, Siria, que estaban cruzando el río Éufrates persiguiendo a remanentes del ISIS, Rusia decidió no responder. En el Medio Oriente, ningún país o ejército había desafiado a los Estados Unidos, especialmente cuando han desplegado decenas de miles de tropas y efectivos en la región. Sólo Irán ha retado directamente a la hegemonía y el poder militar de los Estados Unidos. 

El “Eje de la Resistencia” confirmó el balance del miedo e impuso una política de disuasión para los Estados Unidos en el Medio Oriente. Irán desafió abiertamente a los Estados Unidos y declaró su responsabilidad, sin temor alguno por las consecuencias. Hasta ahora, los Estados Unidos han confirmado que sufrieron al menos 64 bajas; hace poco tiempo, Irán anunció que las “bajas de los Estados Unidos eran no menos de 80”. 

El presidente Trump pensó que estaba viviendo un momento histórico en el que podía hacer cualquier cosa que quisiera sin temer las consecuencias. Creyó que ningún país en el mundo lo desafiaría. También aconsejó que Irak fuera dividida, que ningún gobierno disputaría la violación de su soberanía, y que Irán ya no era tolerada en Mesopotamia. Estaba probablemente informado que el incendio de dos consulados iraníes era suficiente para expulsar a Irán de Irak. Tal vez imaginó que asesinando al sardar Qassem Soleimani podía quedar impune, y alardeó sobre haber “matado a dos por el precio de uno”. Él y su equipo guerrerista también creían, erradamente -y supongo que todavía lo creen- que su política de “máxima presión” y sanciones severas arrodillarían a Irán pidiendo compasión. Dijo que esperaría cerca del teléfono la llamada de Irán, comprobando su ignorancia sobre el país, su mentalidad, cultura, paciencia, severidad y orgullo. 

La magia se le volteó al mago y Trump le dio un enorme regalo a Irán al permitirle bombardear su ejército y retarlo cara a cara. La primera semana, Trump tenía miedo de anunciar el número de bajas. Ahora el Pentágono está publicando parte de la realidad cada semana. Los Estados Unidos, y no Irán, han demostrado miedo. 

“Todas las bases militares de los Estados Unidos se han convertido en una amenaza para los países que las alojan en el Medio Oriente. Estas bases ya no sirven para protegerlos sino que se han convertido en objetivos perfectos para Irán en caso de ir a la guerra. Ofrecen una lista abrumadora de objetivos. Ningún lugar será seguro para las fuerzas estadounidenses en Oriente Medio si se cruzan esas líneas rojas, como sucedió con el asesinato de sardar Soleimani”, dijo la fuente. 

Traducción: Diego Sequera

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