Sayyed Sistani no tiene intención de dividir Hashd al-Shaabi

Por Elijah J. Magnier

Traducido por Eli C. Casas

A principios de este año se publicaron diversos artículos afirmando que Hashd al-Shaabi (Fuerzas de Movilización Popular – FMP) estaba a punto de sufrir un cisma entre sus brigadas. Las FMP jugaron un rol esencial a la hora de luchar contra el Estado Islámico (ISIS), juntamente con las Fuerzas Armadas Iraquíes, la policía federal y las unidades de antiterrorismo. La división a entre las FMP apareció en medio de una conferencia, la primera de este tipo, celebrada por “Hashd al-Marjaiya” (las Fuerzas de Movilización del Gran Ayatolá Sayyed Ali Sistani, también conocidas como Hashd al-Atabat, que significa el Hashd de los santuarios sagrados), sacando a relucir la lucha interna por el liderazgo de las FMP. Sin embargo, a pesar de las diferencias internas, el Gran Ayatolá está lejos de ordenar la división de las FMP. El Hashd al-Marjaiya está buscando una división administrativa debido a la falta de posiciones claves dentro de las FMP y la escasez de salario que sufren sus brigadas. Sin embargo, la lucha entre Nayaf y Teherán es omnipresente y esta pugna es parte de una lucha más amplia por el poder y las finanzas.

Es importante clarificar que Hashd al-Shaabi no pertenece a la Marjaiya de Nayaf, aunque su creación de debió a una fatwa de Sayyed Sistani (al-Kifaei). Este fue un veredicto anunciado para impedir que ISIS ocupara otras ciudades iraquíes después de que tomara el control de Mosul, Nínive, Salahuddin y la mayoría de las ciudades de Anbar, las cuales llegan a las puertas de Bagdad. 

Los EE. UU. fallaron a la hora de ayudar a Iraq, e Irán aprovechó la oportunidad, asistiéndolos primero con asesores militares, distribuyendo armas a los iraquíes en todas las ciudades –incluyendo la provincia norteña del Kurdistán— y entrenaron a las Fuerzas de Movilización Popular en el arte de la guerra. Los Marjaiya en Nayaf compraron armas, equiparon y armaron a cuatro facciones de Beit Mal al-Muslimeen (el tesoro público de los musulmanes para recaudar y distribuir caridad y fondos administrados por la más alta autoridad religiosa, la Marja’). Estas cuatro facciones son Liwa Ansar al-Marjaiya, Liwa Ali al-Akbar, Firqat al-Abbas al-Qitaliyah y Firqat al-Imam Ali al-Qitaliyah.

El Marjaiya Sistani nunca tuvo un centro de mando y control, y nunca ha sido experto en ningún tipo de combate para hacer frente a ISIS. Sus cuatro facciones recibieron entrenamiento y fueron desplegadas junto con todas las otras partes de las FMP, chiítas, suníes, failis, kurdos y otras minorías de todas las partes de Irak. Fue Irán quien se encargó de la planificación de la guerra, en connivencia con lo que quedaba de las fuerzas de seguridad iraquíes en ese momento. Las FMP recuperaron Jurf al-Sakher y se extendieron por todo el territorio iraquí. Tuvieron un rol decisivo en la batalla para retomar Mosul y los desiertos sirio-iraquíes.

El hecho de que Irak no cayera en manos de ISIS y que Irán interviniera para detener la división del país en tres sub-estados convenció a las fuerzas estadounidenses de intervenir finalmente y ofrecer apoyo aéreo y de inteligencia. La falta de intervención de los EE.UU. le dio a Irán más influencia sobre las FMP. Irán estaba listo para enviar tropas a Irak para detener el avance de ISIS y derrotarlo: era una situación ideal al darse la batalla en suelo iraquí y no iraní. Además, Irán habría hecho todo lo posible para defender los santuarios sagrados de sus imanes, y evitar así que estos cayeran en manos de ISIS, quienes siempre habían planeado destruir los santuarios chiítas más sagrados (Samarra, Bagdad, Karbala y Najaf). Además, Irak representaba—y representa— una primera línea de defensa para Irán, y por ello estaba listo para luchar en ella.

También fue una oportunidad para que Irán creara una fuerza ideológica, las FMP, ya que las circunstancias habían impuesto la necesidad de esta. Era necesario tener un grupo ideológico altamente motivado para hacer frente a otro grupo con un nivel de motivación ideológica similar, el ISIS, con la determinación de luchar hasta la muerte. El entrenamiento habitual del ejército resultó ser inútil para detener el avance de ISIS. De hecho, desde la ocupación estadounidense de Irak en 2003, las fuerzas estadounidenses habían “entrenado” a decenas de miles de miembros del ejército iraquí, que resultaron ser esfuerzos infructuosos, ya que estos escaparon al darse los primeros enfrentamientos contra el ISIS en Mosul, Tel’Afar, Kirkuk, Nínive, Salahuddin y Anbar. 

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