Irán rechaza la “cirugía estética” iraquí-estadounidense. Sin embargo, la cooperación entre Estados Unidos e Irán no es imposible 3/6

Irak, por Elijah J. Magnier

Traducido por Eli C. Casas

Las reuniones entre Estados Unidos e Irán, ya sean directas o indirectas, no son un fenómeno nuevo y siguen siendo posibles, a pesar de la posición del Gran Ayatolá Khamenei, cuyas declaraciones públicas parecen hacer imposibles tales reuniones. Khamenei fue presidente de Irán de 1981 a 1989. Por lo tanto, es consciente de las necesidades del estado y de la importancia de relacionarse con otros gobiernos, aunque sean considerados enemigos de Irán. Sin embargo, estas reuniones deben tener un propósito y un objetivo. No obstante, lidiar con los Estados Unidos ya no es obligatorio para Irán, porque Estados Unidos ya no ostenta la hegemonía como lo hizo entre 1991 y 2011 (después de la perestroika y antes de la guerra contra Siria). 

El fracaso de las fuerzas estadounidenses en la consecución de sus objetivos en Afganistán e Irak puso de manifiesto la debilidad de la maquinaria bélica de Estados Unidos, capaz de ganar una guerra militar rápida, pero que pierde su triunfo muy rápidamente bajo el fuego de la resistencia local. Por ello, Irán se dirige hacia una relación estratégica con China y Rusia. Se está distanciando de Europa, un continente gobernado por los dirigentes de varios Estados, la mayoría de los cuales son incapaces de enfrentarse directamente a la influencia de Estados Unidos, y que además, carecen de un posicionamiento político independiente. Por lo tanto, Irán seguirá persiguiendo sus objetivos en Siria, Irak y Líbano, apoyando a sus aliados para que puedan enfrentarse a EE.UU. mientras que un acercamiento significativo entre EE.UU. e Irán sigue estando lejos.

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En décadas pasadas, Irán y Estados Unidos mantuvieron varias reuniones directas en París y Ginebra, antes y después de la caída de Saddam Hussein, aunque en 2002 el presidente George W. Bush lo definiera como parte del “Eje del Mal”. Sin embargo, Irán no supo predecir que el rápido éxito militar de Estados Unidos en la expulsión de los talibanes de Kabul (Afganistán) crearía las condiciones para que la administración Bush dirigiera sus armas hacia su vecino Irak. En 2003, Saddam Hussein estaba debilitado, debido a 12 años de sanciones internacionales que habían agotado sus recursos. Ya no gozaba del apoyo occidental del que disfrutó durante la guerra entre Irán e Irak. La población iraquí mostraba signos flagrantes de estar dispuesta a intensificar sus actividades contra el régimen y ganar la guerra a nivel interno. Por eso, cuando la administración Bush anunció su disposición a la guerra, la opinión de Teherán fue de preocupación absoluta.

En 2003, el secretario general de Hezbolá, Sayyed Hassan Nasrallah, se pronunció abiertamente en contra de la invasión de Irak por parte de Estados Unidos, lo que atrajo la ira de los chiíes iraquíes: no podían creer lo que oían. Saddam Hussein era conocido por su animosidad hacia los chiíes, quienes tuvieron que abandonar el país y embarcarse en  una lucha política y armada contra el régimen de Saddam. Hezbolá e Irán se dieron cuenta de que la fácil victoria de Estados Unidos sobre Saddam significaba que la administración Bush se volvería después hacia Siria o Irán. Todos los indicios confirmaron esa conclusión, cuando los funcionarios estadounidenses promovieron su objetivo de transformar la región en un “nuevo Oriente Medio” bajo su control y dominio. Además, Irak es rico en petróleo y gas, lo que supuso otra ventaja para la administración de Bush. En otras palabras, los funcionarios estadounidenses confirmaron las sospechas de Irán y Hezbolá. 

En el Pentágono, los neoconservadores Richard Perle y Paul Wolfowitz abogaron por cambios en Siria e Irán después de someter a Irak y se unieron a aquellos que apoyaban la llamada “teoría del dominó“. Se decía que todos los funcionarios estadounidenses de la administración Bush querían ir a Bagdad, mientras que los “hombres de verdad querían ir a Teherán“. Por tanto, la conclusión iraní era muy clara: primero Bagdad y después Teherán. Era una cuestión de tiempo y prioridad y de qué país iría primero.

Irán tuvo que actuar con rapidez en varios frentes. En 2002, el Gran Ayatolá Khamenei aprobó las reuniones irano-estadounidenses por varias razones. En primer lugar, era esencial saber si las tropas estadounidenses iban a llegar de verdad a Irak. En segundo lugar, Irán quería que sus diplomáticos estuvieran en alerta para informar de cualquier indicio claro de que Irán y Siria eran los siguientes en la lista de invasiones militares estadounidenses. En tercer lugar, Irán quería cooperar con Estados Unidos y demostrar que la buena voluntad iraní podía influir en la administración estadounidense para detener sus conquistas en Mesopotamia y no ir más allá. Muchos responsables iraníes creían en la teoría de tender la mano podía obligar al adversario a actuar en consecuencia y a cambiar sus intenciones agresivas, en caso de haberlas. Y por último, estar preparados, con o sin aliados, para enfrentarse a los estadounidensesen suelo iraquí antes de encontrarse con ellos en territorio iraní.

Era evidente que la administración estadounidense no tenía conocimientos ni experiencia en como administrar Irak después de derrotar a Saddam Hussein. Por ello, la administración estadounidense necesitaba todo el apoyo posible, incluido el de Irán. La falta de comprensión por parte de Estados Unidos de la dinámica iraquí y su complejidad política sigue siendo palpable hoy en día, incluso después de 18 años de ocupación y presencia. Los funcionarios iraníes también desempeñaron un papel esencial durante las negociaciones directas y la coordinación entre Estados Unidos e Irán. Los funcionarios iraníes se alegraron de saber que Estados Unidos planeaba imponer algún tipo de democracia en Irak en la que la mayoría chiíta dominante tendría el poder. Pero a la mayoría de los países del entorno no les gustaba esa decisión por muchas razones: el poder de gobernar Irak estaba a punto de ser arrebatado a los suníes (Saddam Hussein era suní) y entregado a los chiíes. Sin embargo, Irak está rodeado de regímenes gobernados de la misma manera (como la minoría cristiana maronita en Líbano y la minoría elitista alauita del Partido Baaz en Siria). No obstante, la minoría suní no podía seguir gobernando Irak.

La política de Estados Unidos y su objetivo de ampliar su dominio en Oriente Medio empujaron a Irán a aplicar al pie de la letra su constitución, lo que le ha permitido crear fuertes aliados en todo el mundo. De ahí que no esté solo en cualquier guerra futura, sino que lucharía en un amplio frente que partiría de Teherán y se extendería por Bagdad, Damasco, Beirut y Gaza. 

Tras la ocupación militar estadounidense de Afganistán e Irak, varios funcionarios estadounidenses expresaron su próximo plan de ocupación, señalando a Irán como el siguiente en la lista. Las reuniones entre Estados Unidos e Irán se detuvieron, dejando a la “República Islámica” dos opciones: someterse o prepararse para luchar. A pesar de décadas de duras sanciones, Irán decidió luchar, pero no iba a hacerlo solo. Reunió aliados para enfrentarse a un vecino hostil (Arabia Saudí) y a las 35 bases militares estadounidenses repartidas por la región, de las cuales muchas rodean a Irán. 

La “República Islámica” aprendió a construir misiles de precisión de medio y largo alcance (más de 2.000 km), drones armados capaces de volar más de 1.200 km, y compartió los conocimientos con sus aliados. También ha desarrollado su programa nuclear y puede fabricar una bomba atómica el día que el Líder de la Revolución tome la decisión. Irán también se ha convertido en un aliado estratégico de Rusia y China tras firmar acuerdos por valor de cientos de miles de millones de dólares. Ha realizado maniobras marítimas con ambos países, lo que ha permitido a Moscú y Pekín mostrar su fuerza en aguas que Estados Unidos había dominado durante décadas. 

Los acuerdos estratégicos que Irán cerró con China y Rusia indican lo indiferente que podría ser para Teherán que Estados Unidos no volviese al acuerdo nuclear. Estados Unidos tiene dos meses para decidir qué hacer a continuación para evitar negociadores más duras y un gobierno menos moderado (recordemos que las próximas elecciones iraníes son en junio). Estados Unidos ha debilitado a un presidente iraní, el sheikh Hassan Rouhani, dispuesto a negociar y que ha logrado convencer a Khamenei de que le dé un margen de maniobra para negociar con la administración estadounidense. Khamenei no ha negado la petición de Rouhani pero, en el fondo, se alegra de que el presidente iraní haya aprendido la lección de que no se puede confiar en Estados Unidos, y de que esto está detrás del fracaso de los moderados en las últimas elecciones parlamentarias y en las presidenciales que vendrán.

Los funcionarios iraníes creen que no se puede confiar en Estados Unidos, por ello, la posición de Irán en Irak es irreversible, y eso significa que Mesopotamia no tendrá estabilidad en los próximos años.

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