Irán-Arabia Saudí: es hora de organizar las diferencias

Por Elijah J. Magnier

Traducción por Eli C. Casas

Irán y Arabia Saudí celebraron su primera reunión oficial el pasado 9 de abril en Bagdad, tras la mediación organizada por el primer ministro iraquí Mustafa al-Kadhimi. Por la parte saudí, había seis asesores y oficiales encabezados por el jefe de la Dirección de Inteligencia saudí, Khalid Bin Ali al-Humaidan. Por la parte iraní, había oficiales de la Seguridad Nacional (supervisados por el almirante Ali Shamkhani), de los servicios de Inteligencia y el Ministerio de Asuntos Exteriores. Ambas partes acordaron volver a reunirse esta semana en Bagdad después de haber sentado las bases para posteriores encuentros.

Un oficial de Bagdad me informó de que la reunión fue descrita en términos muy favorables por ambas partes. No se discutieron detalles en profundidad sobre ningún país en particular. Sin embargo, se acordó que el paso más importante a llevar a cabo sería la reapertura de consulados y embajadas en ambos países. Una vez restablecida la relación, se podrá hablar de Líbano, Siria, Irak, Bahrein y Yemen. La fuente también señaló que se espera que el acercamiento iraní-saudí tenga efectos positivos en toda la región de Oriente Medio.Tras cinco años sin relación diplomática, se espera que un acuerdo irano-saudí ayude a la región a salir de los fuertes enfrentamientos sectarios que se dan en múltiples frentes. La fuente confirmó que esta reunión no se habría producido sin el plácet de los estadounidenses que, bajo la presidencia de 

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Joe Biden, están menos interesados en Oriente Medio y sus complicaciones.

Tras el fracaso de Estados Unidos en la construcción de un “nuevo Oriente Medio” que pretendía ocupar Siria, dividir Irak, subyugar Afganistán, destruir al Hezbolá libanés y derrotar a los Houthis en Yemen, la nueva administración estadounidense parece dar un paso atrás. Además, la decisión de Estados Unidos de retirar las tropas de Afganistán y de intentar volver al acuerdo nuclear iraní, revocado por Donald Trump en 2018, indica a varios países de Oriente Medio que el dominio estadounidense en la región se está desvaneciendo lentamente. 

La República Islámica ha ampliado su influencia blanda sobre varios países y ha contribuido eficazmente al fracaso de Estados Unidos en el cambio que buscaron activamente en Oriente Medio. Irán se ha convertido en una potencia regional sin contar con el apoyo del ejército de Washington, luchando contra los planes estadounidenses. Irán se ha beneficiado de los errores estadounidenses y las sanciones impuestas lo han hecho avanzar hacia la autosuficiencia, produciendo sus propios misiles balísticos y de precisión, y compartiendo tales conocimientos técnicos con sus aliados. 

En Viena se están celebrando negociaciones nucleares entre Francia, Alemania, Reino Unido, China, Rusia e Irán. Teherán excluyó a Estados Unidos de la mesa, imponiendo condiciones no negociables para que se levanten todas las sanciones económicas y energéticas, incluida la descongelación de sus activos en varios bancos repartidos por todo el mundo. El presidente estadounidense, Joe Biden, no escucha al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quien se benefició de una luna de miel de cuatro años bajo el mandato de Trump. Israel ve el acuerdo nuclear como una amenaza estratégica para sus planes en Oriente Medio, donde Irán, a pesar de las duras sanciones, se ha convertido en una potencia regional. Netanyahu teme la expansión de la influencia iraní cuando Teherán pueda vender y cobrar el valor de su venta de petróleo y recuperar sus cientos de miles de millones de activos congelados con intereses.

Otros países han estado observando cómo Irán desafió a Estados Unidos,  derribando un RQ-4 Global Hawk, su dron más caro, bombardeó la extensa base militar estadounidense de Ayn al-Assad en Irak, causando una destrucción crítica (y más de 109 heridos) y se opuso a los planes estadounidenses en Yemen, Irak, Siria, Líbano y Gaza. El máximo comandante del Mando Central de EE. UU., el general Frank McKenzie, reveló cómo los precisos misiles iraníes habrían “destruido entre 20 y 30 aviones y matado entre 100 y 150 soldados estadounidenses, si la evacuación no hubiera tenido lugar horas antes del bombardeo”.

Otros países de Oriente Medio están observando atentamente. Los líderes saudíes recuerdan cómo fueron humillados por Donald Trump cuando dijo que “Arabia Saudí no sobreviviría ni dos semanas sin las fuerzas estadounidenses”. El senador de Carolina del Sur, Lindsey Graham, dijo que “los militares de Arabia Saudí no pueden luchar fuera de una bolsa de papel y estarían hablando farsi en aproximadamente una semana sin el apoyo militar de Estados Unidos”. Recientemente, la nueva administración estadounidense señaló al príncipe heredero saudí Mohamad Bin Salman como responsable del asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi.

Lo natural sería que Arabia Saudí rompiera el impasse y se acercara a Irán para restablecer una relación suspendida hace cinco años. A ambas partes les gustaría tratar con el otro y ver reducida la influencia de Estados Unidos, si se pudiese establecer un mínimo de confianza mutua.

La relación entre Irán y Arabia Saudí ha sido agitada desde la Revolución Islámica de 1979, pero se agravó en 1987, cuando más de 400 peregrinos iraníes perdieron la vida en su viaje a La Meca. El imán Khomeini anunció entonces que “nunca perdonaría a la familia gobernante de los Saud”. Durante tres años, no se permitió a ningún peregrino iraní realizar el Hajj. El Imam Khomeini llamó a los funcionarios iraníes para preguntarles por qué. Le recordaron sus palabras que se convirtieron en ley. Su respuesta fue directa: “Esa es mi opinión personal, y ustedes dirigen el Estado. Vayan y arreglen el problema”. 

La relación saudí-iraní nunca ha sido muy buena, especialmente considerando que Irán se ha convertido en un productor de armas y ha iniciado su programa nuclear, lo que ha hecho saltar las alarmas en los países vecinos. El rey saudí Abdullah animó a Estados Unidos a “cortar la cabeza de la serpiente” y lanzar ataques militares para destruir el programa nuclear iraní. 

El Líder Khamenei fue presidente de Irán de 1981 a 1989. Tiene experiencia en asuntos de Estado y es al mismo tiempo el Wali al-Fakih (guardián de los juristas islámicos). Khamenei es consciente de que una relación con Arabia Saudí es un paso previo necesario para cualquier salida de las fuerzas estadounidenses de Asia Oriental.

El acercamiento saudí-iraní y el beneplácito de EE.UU. a un acuerdo nuclear pondrán a Israel nervioso, puesto que será más difícil para Israel utilizar a los países del Golfo como plataforma para atacar a Irán, como esperaba el primer ministro Benyamin Netanyahu cuando Donald Trump estaba en el poder.

Debemos tener en cuenta que Irán goza de una influencia sustancial en Oriente Medio sin competir necesariamente con Arabia Saudí.Aunque Irán se beneficia de una relación especial con el Hezbolá libanés, no controla el Líbano. La poderosa organización está vinculada ideológicamente a Welayat al-Fakih y es consciente de los beneficios que le aporta el “Eje de la Resistencia”. Sin embargo, Hezbolá no puede controlar enteramente un país en el que coexisten 19 religiones, en el que los suníes representan un número igual al de los chiíes. El primer ministro libanés es suní, y Hezbolá ha promovido como primer ministro a Saad Hariri, de nacionalidad saudí-libanesa, aunque Riad ya no esté contento con su actuación, como se reiteró en la última reunión de Bagdad.

Además, Irán también disfruta ahora de una relación estratégica con Siria de la que no gozaba antes de la guerra de 2011. Debido a su apoyo ilimitado al mantenimiento de la soberanía de Siria, Irán se beneficia ahora de una posición en el Levante que nunca podría haber previsto. El presidente sirio Bashar al-Assad está dispuesto a establecer una buena relación con Arabia Saudí, a pesar de su importante contribución para desestabilizar Siria y derrocar el régimen. Una relación sirio-saudí no afectará a la relación irano-siria, y contribuirá eficazmente a la reconstrucción de Siria cuando Estados Unidos levante las sanciones.

La estabilidad de Irak es una de las prioridades de Irán, junto con la salida de las fuerzas estadounidenses. Dado que el proyecto takfiri ha fracasado, Arabia Saudí podría recuperar su influencia en el país y ayudar a reconstruir las infraestructuras y las zonas suníes que sufrieron la guerra contra el Estado Islámico. Irán cuenta con poderosas milicias iraquíes que creen ideológicamente en la doctrina del Welayat al-Fakih y siempre serán fieles al Líder de la Revolución de Irán.

En Yemen, a pesar de la implacable guerra saudí que ha provocado la peor crisis humanitaria del mundo, los Houthis quisieran tener una excelente relación de vecindad con Arabia Saudí. El apoyo iraní a los Houthis en los últimos seis años de guerra contribuyó a consolidar una relación sólida e inquebrantable. Por lo tanto, el fin de la guerra en Yemen ayudaría a Arabia Saudí a salvar la cara, salir del atolladero de Yemen y contribuir a la reconstrucción de lo que ha destruido.

Así pues, a Arabia Saudí e Irán les conviene organizar sus diferencias hasta lograr un terreno común y establecer un mínimo deconfianza. Se trata de un proyecto muy largo que parece haber empezado bien y se ha puesto en marcha en Bagdad, donde ambas partes esperan empezar. Sólo una fuerza exterior puede congelar este esperado y beneficioso acercamiento que puede contribuir a un Oriente Medio más pacífico.

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