De la dominación a la desunión: Los errores de Occidente en las sanciones y los realineamientos globales

Por Elijah J. Magnier:

En una medida que señala un cambio en la dinámica mundial, Rusia ha interrumpido temporalmente las exportaciones de gasolina y gasóleo a países fuera de su estrecho círculo de Bielorrusia, Kazajstán, Armenia y Kirguistán. Por su parte, China ha reducido drásticamente las exportaciones de dos elementos críticos de tierras raras, esenciales para la producción de semiconductores y paneles solares. Esta medida se considera una respuesta directa a los controles de exportación estadounidenses, y Pekín alega la necesidad de “salvaguardar su seguridad e intereses nacionales”. Estas maniobras económicas siguen a una importante declaración del ministro ruso de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov, en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Lavrov declaró la aparición de un “nuevo orden mundial”, sugiriendo una remodelación de la dinámica del poder global.

Europa, que ya está lidiando con los efectos de una guerra por poderes a sus puertas, se enfrenta a crecientes retos económicos. El aumento de la inflación, la lentitud de las subidas de los tipos de interés y el debilitamiento del euro han agravado los problemas del continente. La subida de los precios del petróleo y el aumento general de los costes de las materias primas han agravado la situación. En medio de estos desafíos, están surgiendo divisiones entre los líderes europeos sobre la viabilidad del conflicto en curso.

La reciente e infructuosa contraofensiva de Ucrania orquestada por la OTAN, la reevaluación europea de su fracaso y la reticencia del Congreso estadounidense a aprobar un paquete de ayuda de 24.000 millones de dólares para Ucrania plantean dudas sobre la sostenibilidad de la guerra.

Europa reevalúa su postura sobre Ucrania:

En un reciente giro de los acontecimientos, el partido populista de izquierdas eslovaco Smer, liderado por el ex primer ministro Robert Fico, arrasó en las elecciones del sábado. La victoria del partido se produjo con la promesa de detener los envíos de armas a Ucrania, oponerse a la posible adhesión de Kiev a la OTAN y resistirse a las sanciones contra Rusia. Con este triunfo, Smer está en condiciones de liderar la formación de una mayoría en el Parlamento de 150 escaños. Mientras tanto, Polonia declaró que suspendería el flujo y la entrega de armas a Ucrania. Asimismo, países como Hungría y Austria se mantienen firmes en su decisión de continuar el comercio energético con Rusia, lo que subraya la complejidad y la desunión de la respuesta europea al conflicto ucraniano.

A pesar de las sanciones impuestas a las fuentes de energía rusas, la dependencia de los países europeos sigue siendo evidente. Los datos muestran que entre enero y julio de 2023, los países europeos adquirieron 22 millones de metros cúbicos de gas natural licuado a Rusia, un aumento significativo respecto a los 15 millones de metros cúbicos comprados durante el mismo periodo antes del inicio de la guerra. Estos acontecimientos ponen de relieve el delicado equilibrio que las naciones europeas intentan alcanzar entre las posturas políticas y las realidades económicas.

Además, Alemania ha sido históricamente una potencia en los mercados mundiales, sobre todo en sectores como la automoción y la maquinaria, produciendo vidrio, papel y revestimientos metálicos utilizados en arquitectura y vehículos. Esta proeza industrial ha impulsado las exportaciones alemanas y cimentado su posición como la nación más rica de la Comunidad Europea. Sin embargo, bajo el liderazgo de Olaf Schulz, la trayectoria política de Alemania ha experimentado un cambio significativo. Alejándose de la postura relativamente independiente de Angela Merkel respecto a las decisiones estadounidenses, el obediente gobierno de Schulz se implicó más en el conflicto ruso-estadounidense en Ucrania.

Una consecuencia notable de este cambio de política fue la decisión de Alemania de paralizar el proyecto Nord Stream 2, un gasoducto para transportar gas ruso barato. En un cambio significativo de su postura anterior, Alemania acordó suspender el proyecto Nord Stream 2, un gasoducto diseñado para transportar gas ruso barato a Europa y financiado por Rusia, Alemania y varias otras naciones de la UE. Esta decisión se produjo en medio del sabotaje estadounidense del gasoducto, que supuestamente provocó uno de los peores desastres medioambientales de la historia europea. Curiosamente, la ministra alemana de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, líder de los Verdes, parece estar de acuerdo con las consecuencias medioambientales y económicas del desastre provocado por Estados Unidos.

La postura de Baerbock plantea interrogantes sobre el compromiso del partido con su ética medioambiental y las implicaciones más amplias para la diplomacia y la seguridad energética alemanas. La ministra alemana del Interior, Nancy Faeser, espera que la fiscalía alemana encuentre pruebas suficientes para acusar a los autores. No se ha hecho nada para llevar a los responsables ante la justicia, y los Estados miembros del norte de la UE han abandonado la investigación. Revelar la verdad habría avergonzado a todos los dirigentes de la UE y les habría obligado a actuar contra los autores. No hay planes inminentes para que Rusia repare el gasoducto dañado ni para que Alemania recupere su importación de gas.

Esta medida ha tenido un profundo impacto económico. La falta de gas natural ruso a precios asequibles ha afectado drásticamente al sector industrial y a la antes robusta economía de Alemania. Alemania y muchos países europeos luchan contra el elevado coste de las importaciones de gas natural licuado, casi cuatro veces superior al precio del gas ruso. Estas importaciones proceden principalmente de países como Estados Unidos, Qatar y Noruega.

La resistencia de Rusia a las sanciones: Aumento de la producción militar:

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