Ganancias y pérdidas para Turquía, Israel e Irán. ¿Irá Biden a la guerra o abandonará Oriente Medio? (3)

Por Elijah J. Magnier

Traducido por Eli C. Casas

En la última década, los Estados Unidos, Israel y sus aliados exploraron todas las vías para intentar someter a Irán a su voluntad, debilitar o incluso derrotar a la “República Islámica” y, durante muchos años, trataron de derrocar al gobierno de esta. La guerra contra Siria (uno de los aliados estratégicos del Irán), la partición de Irak, la guerra contra Hezbolá, el apoyo a Al-Qaeda en Siria, el permiso para que ISIS crezca sin ser molestado, los asesinatos y actos de sabotaje, el rechazo del “acuerdo nuclear” y la estrategia de “máxima presión” fueron las principales herramientas utilizadas en un intento de derrotar a Irán y a sus aliados en Oriente Medio. Después de una década de serios y peligrosos movimientos, debemos preguntarnos sobre su éxito. 

La estrategia de “presión máxima” desarrollada por los Estados Unidos tenía como objetivo recortar el 80% de los ingresos petroleros de Irán y, de hecho, logró “negar a Irán unos 200.000 millones de dólares en ingresos de divisas e inversiones perdidas”, explicó el presidente Hassan Rohaní. El impacto de la “presión máxima” fue muy doloroso para Irán y su economía, en particular durante la lucha contra la pandemia de Covid-19. La actual administración de los Estados Unidos, pocas semanas antes de su partida, decidió que todo el sector financiero iraní era una amenaza, obligando a todos los bancos internacionales y en particular a los europeos a detener todas las transacciones con Irán. Sin embargo, la administración Trump nunca tuvo la satisfacción de ver el colapso total de la economía iraní, a pesar de la alta inflación y el desempleo. 

En mayo y en junio de 2019, los Estados Unidos acusaron a Teherán de sabotear seis buques petroleros justo al otro lado del Estrecho de Ormuz. El 20 de junio, Irán derribó un Global Hawk RQ-4A, uno de los drones más sofisticados y caros de los Estados Unidos, con su misil de defensa aérea de mediano alcance Khordad-3, de fabricación nacional, mientras sobrevolaba el espacio aéreo iraní. Trump habló de posibles represalias militares, pero afirmó haberlo desestimado en el último minuto. De hecho, Irán envió un mensaje a los EE.UU. a través de la embajada de Suiza en Teherán de que no tolerará ningún ataque contra su territorio y que responderá rápidamente contra las bases militares estadounidenses, repartidas por la región.

El Presidente Trump se aventuró a asesinar al líder del “Eje de la Resistencia”, el general iraní Qassem Soleimani, quien dirigió la guerra contra el “Estado Islámico” (ISIS) durante la última década en Líbano, Siria e Irak. Fue un golpe muy duro a Irán, que fue empujado a responder y se atrevió a golpear la base más grande de Estados Unidos en Irak con docenas de misiles de precisión. Trump se vio abocado de golpe a una guerra que podría infligir una enorme destrucción en ambos lados, y estimó que las bajas entre los militares estadounidenses le habrían costado la reelección para un segundo mandato (porque creía firmemente que estaba en posición de derrotar a Joe Biden). Además, es fácil para los Estados Unidos iniciar una guerra, pero está lejos de ser pan comido cuando el objetivo es Irán, y cuando los aliados de la “República Islámica” están repartidos por todo Oriente Medio, listos para participar en tal guerra. Tampoco es competencia de los Estados Unidos empezar una guerra, considerando que su última aventura intervencionista, la ocupación de Irak en 2003, estuvo lejos de ser un éxito.

Irán cree que Trump quiso iniciar una guerra contra Irán en sus últimos días en el cargo para ganar más apoyo a nivel nacional, avergonzar al presidente electo Joe Biden y dejarle como regalo de bienvenida una guerra cuando este tomara el mando del país. En este escenario, Trump parecería un Presidente fuerte que estaría ‘devolviéndosela’ a Irán por llegar al 20% de enriquecimiento de uranio, castigando así a Teherán por violar el acuerdo nuclear, aunque fueron los Estados Unidos quién lo violaron en 2018, retirándose unilateralmente. Hillary Clinton instó a Trump a no ir a la guerra contra Irán y la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, hizo campaña para quitar a Trump antes de que empezara una nueva guerra o incluso lanzara una bomba nuclear. Esta preocupación fue expresada por el Ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Jawad Zarif, cuando se pronunció sobre una posible “fabricación de un pretexto para atacar a Irán” por parte de Trump.

Bombardear a las bases de los Estados Unidos sin pedir el apoyo de sus “amigos” regionales dio a Irán un gran crédito y un robusto aumento de la moral entre los aliados, e infligió miedo entre sus enemigos. La disuasión de Irán demostró cuán preparadas estaban sus fuerzas armadas para la guerra, incluso si hubiesen sido gravemente dañadas por los Estados Unidos, puesto que tienen un gran poder de fuego. Irán mostró al mundo sus misiles balísticos subterráneos, capaces de ser disparados desde silos, haciendo difícil que sus enemigos los intercepten o neutralicen. Esta revelación es una indicación de que Irán no quiere ir a la guerra, un mensaje que Irán ha utilizado para desalentar al enemigo y pensárselo dos veces antes de iniciar una agresión militar contra la “República Islámica”.

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